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Cuesta Escoriaza
Las Vistillas de los Angeles


La fotografía antigua muestra una imagen de las Vistillas de los Angeles hacia la primera década del siglo XX, cuando aún no se había abierto la Cuesta de Escoriaza. El terreno que más tarde atravesaría la cuesta era la llamada huerta de Estefanía, perteneciente a una gran propiedad del empresario y vizconde Nicolás de Escoriaza. Este aristócrata emprendedor decidió abrir la cuesta que hoy lleva su nombre para comunicar la Alhambra, vía Cuesta del Caidero, con numerosas industrias y molinos situados en la margen derecha del Genil. Fue una iniciativa privada que hoy constituye una de las principales vías por las que hoy se descongestiona el asfixiante tráfico que recorre el casco histórico de la ciudad.

Gómez Moreno dice en su Guía de Granada de 1892 de este lugar que estaba lleno de multitud de cármenes, algunos de los cuales fueron construidos imitando la arquitectura árabe. En efecto, a la derecha de ambas imágenes, se puede ver el carmen de Benalúa, un edificio del siglo XIX construido a la manera de un palacete magrebí, con referencias a la Alhambra y otros estilos islámicos. El citado carmen perteneció al conde de Benalúa y después al duque de San Pedro de Galatino, Julio Cañaveral.

Gómez Moreno añade en su guía que a las Vistillas de los Angeles el nombre le venía «por el hermoso panorama que desde aquí se contempla, hasta juntarse con el camino de Güéjar». El erudito granadino recuerda que junto a un pilar allí existente todavía a finales del siglo XIX se alzaba la Puerta de los Molinos, llamada en época árabe de Bibanexde, o puerta de la Cuesta en árabe. Las crónicas cristianas hablan de que fue por aquí por donde penetraron las tropas cristianas que tomaron la Alhambra a principios de 1492. Esta puerta quedó demolida en 1833, según informa Gómez Moreno, aunque ya por entonces debía ser sólo una pura ruina.

Bajo lo que antes era Huerta de Estefanía existían, como ya se ha señalado, algunas industrias que reflejan el cierto esplendor industrial que vivió la ciudad de Granada en las últimas décadas del siglo XIX. Al descender por la Cuesta de Escoriaza, justo donde ésta gira ciento ochenta grados, se encontraba una fábrica de tejidos y harinas, conocida popularmente como Fábrica de las Palmas. Esta fábrica, con el tiempo, se convirtió en una pequeña centra hidroeléctrica, que aprovechaba el agua de la acequia gorda que venía a caer allí desde el Genil. Más tarde pasó a ser el cuartel de las Palmas que hoy se encuentra totalmente abandonado.



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